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domingo, 7 de agosto de 2011

Jugando...


Noche 2011
En cierto sentido, podríamos tomar la fotografía como un juego: un juego en el que la luz y las sombras se divierten encontrándose y perdiéndose entre esquinas y rincones. Un juego en el que el fotógrafo debe desafiar los límites de la realidad impuesta para crear otra nueva, diferente, y si cabe, mejorada. Una nueva realidad creada a partir de nuestra propia percepción, alterada de manera voluntaria (a veces involuntaria) por el objetivo de nuestra cámara.


Fruto de este juego, nos encontramos con fotografías como las que figuran aquí abajo. En algunas, se distinguen vagamente algunos de los elementos que las conforman. En otras, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Simplemente, debemos de sumergirnos en cada instantánea y dejarnos llevar a ese mundo onírico donde nada es lo que parece. Al fin y al cabo, no hay nada más abstracto que la realidad misma, ya que cada uno de nosotros ha conformado su propia concepción de la misma no sólo a través de la percepción, sino también a través de experiencias acumuladas y lecciones aprendidas.

Sin título 1

Reflejos 2008

Naturaleza 2009


Mito de la Caverna 2009


Santiago 2011

Santiago 2010

Alicante 2011


miércoles, 3 de agosto de 2011

Remontándome a los orígenes...

Todo arte está vinculado con la tierra: desde Van Gogh y los girasoles de la Provenza hasta Almodóvar y esa huella made in Spain...pasando por la fría pero elegante estética bergmaniana que evoca a los solitarios y magnéticos paisajes suecos que tan bien reflejan películas del autor como "Un verano con Mónica"...

Y como no, la fotografía (prima hermana del 7º arte y descendiente de la pintura artística, como bien indica la obra de Hopper y sus enigmáticas habitaciones) no podría ser menos. Cada instantánea  nos ofrece algo de su autor: su manera de entender el mundo traducida en encuadres y perspectivas, su personalidad, su concepción del arte, etc.

En mi caso, mis primeras fotografías bebieron de la brisa del Atlántico, de las tardes lluviosas bajo los soportales compostelanos y de los atardeceres melancólicos en Finisterra. Todo ello determinó mis encuadres, la luz de mis fotografías, mi obsesión por la perspectiva en cada instantánea o mi pretenciosa manía de jugar con las formas para plasmar realidades alternativas en cada disparo de la Canon o, en el caso de estas fotografías, de mi vieja Exilim compacta. 

En fin, aquí os dejo con lo mejorcito de mi primera fase: Atlántico 2006-2008.


Santiago 2008

Cangas 2007

Cangas, 2007

En el camino, 2008

Cangas, 2006

Entre sombras

Riazor, 2006

Puerto, 2007


Días de lluvia, 2008



domingo, 31 de julio de 2011

Comenzamos a impresionar...

Santiago al atardecer, primavera de 2011
Todo empezó de la manera más inocente: una vieja Pentax de la familia con la que comencé a realizar mis primeros encuadres. Al principio, resultaban toscos, fuera de lugar y ciertamente previsibles. Eran más propios de un mero aficionado que retrata vagamente los recuerdos de sus vacaciones que de un fotográfo en ciernes. A aquellas primeras "instantáneas" les faltaba color, vida, personalidad, carácter...en definitiva, eran primarias y básicas. Pero, pese a todo, todas ellas tenían algo en común que las vinculaba con su autora: una cierta obsesión con los detalles, con las pequeños placeres de la vida, con lo realmente insignificante que pasa desapercibido para la mayoría de las almas...

Poco a poco, esa cierta obsesión se convirtió en un hábito que me fue devorando hasta convertirse en una parte más de mí: fotografiar la realidad de forma anónima, ocultándome en los rincones más inhóspitos para retratar a los ajetreados transeúntes que me regalaban, sin ellos saberlo, preciados instantes de su realidad transformados en píxeles color... Y llega el día en el que no puedes dejar tu Canon ni un segundo, porque, para tí, cada mínimo resquicio de realidad ofrece algo (lo que sea) que merece ser captado.